miércoles, 8 de mayo de 2013

RE-egresadame


Y si, como obviar este tema… Cómo puede ser que cuando llegamos a la edad de 17/18 años, y estamos por ir de viaje de estudios por egresar del colegio, nos pongamos tan pavotes? Es como un retroceso de 5 años. Es una involución involuntaria aunque suene redundante…
Cuando uno entra a su último año de colegio o preparatoria, se trata por el nombre completo:
-”Carlos, hiciste lo que nos pidieron para Química?”
-”No, José, estuve ocupado haciendo cosas”.
O sino ellas:
-”Laura, no tenés delineador para prestarme?”
-”Si, Sofía, sacalo de mi cartera Channel 5″.
Pero al llegar las 2 semanas previas al viaje de egresados se activa el modo pavote en “on”. Todo cambia, pero para mal. Hacer el ridículo se transformará en tu deporte preferido, ser rebelde o creer serlo será tu filosofía e inventar canciones será tu práctica preferida.
Todo el día cantando canciones alusivas al lugar del viaje. En todas las canciones se hablará de sexo, alcohol y fumar marihuana como locos. Estas canciones serán cantadas tanto por el nerd del curso como por Jorge, ese compañero que ya fué 5 veces a este viaje y con sus maduros 23, será el guía y el director de la batuta.
De repente, todos se visten iguales y hasta toman una tonada parecida. Dejaron de ser Carlos, José, Laura, Sofía para ser “Chochy, Nariz, Gordo, Petaca” o aquellos que se repiten como “Facha1″ y “Facha2″ o los que se mimetizan en el viaje y crean su grupo privado, con apodos acordes al grupo y vestimenta de los mismos: “Neo Morpheus y Trinity”, “Pinky y Cerebro” y las rebeldes “Thelma y Louise”.
Ellas pasaran a conformar sus apodos todos por binomios de sílabas (un escritor diría bisílabos) del tipo “Chechu, Candu, Papu” o cualquier cosa terminada en u. Estarán las de nombres comunes, como Luciana, que se conformarán junto con su apellido para así lograr diferenciarlas: “Lupo Luco Luta Luma” o similares.
Ellos apareceran con cortes de pelos nuevos, colores rarísimos (verde, azul, rosado) y, como siempre, aquel que la tintura no le funcionó y lleva un tricolor bastante llamativo en la cabeza. En cambio ellas aparecerán con peinados nuevos, alizadas de pelo, rizados, maquilladas cual modelo de pasarela y añadirán una palabra patrón para finalizar sus frases: “boluda”.
El respeto y el estudio pasan a un plano secundario. Ahora, mas importante que ponerse de pié al entrar el rector o saber quién descubrió América, será saber “con qué empresa vamos?”. Se organizarán eventos cualesquiera para recaudar dinero para el viaje, pero todos nos van a dar pérdidas, aún así, todos dirán: “Qué buena fiesta que organizamos!”
Luego, llega la hora cero, esta es: El “adulto responsable” que nos va a acompañar. Tiene que ser lo bastante flexible para que nos deje tomar alcohol pero no tanto como para pedirnos que le convidemos. Un poco permisivo para dejarnos ir a la pieza de las niñas, pero no lo liberal por demás, como para que se acueste con nuestras compañeras.
Armar el bolso será tarea de la madre. Nosotros simplemente pondremos la caja de preservativos en el bolsillo, caja que volverá en perfecto estado luego del viaje, nuestros atados de cigarrillos y organizar con los demás dónde esconder todo el alcohol que será requisado por la policía.
No hay viaje de egresados sin una bandera y una canción que nos identifique. La bandera si o si deberá tener un dibujo de alguien borracho, la firma de todos y una hoja de marihuana dibujada en los extremos. No importa que nunca en nuestra vida hayamos probado la misma, no importa que no sepamos que la marihuana no viene en atados de 20 hechos por Massalin Particulares, ni que pensemos que sea artificial como la coca-cola, el dibujo de la hoja de marihuana tiene que estar.
La canción deberá ser de 2 estrofas, repetitiva como pocas y, si se puede y no es mucho pedir, que podamos cambiar cierta palabra por la del nombre de nuestro colegio o nuestra ciudad. Ya con bandera, canción, bebida, cigarrillos y preservativos, el viaje está en un 90% de completo. El resto 10% serán cosas menores como revistas porno, gorros por demás payasos o, por qué no, una que otra conservadora con bebida y vasos dentro.
En el viaje, la primera expectativa que tendremos será esperar a ver quién es el primero en dormirse. Cortes de pelo, bigotes con crema de afeitar, robo a mano armada o, como pasó en aquel viaje del ’77, violación en segundo grado. La famosa cunita (amacar al colectivo para un lado y otro) resultará aburrido como contar la cantidad de veces que alguien dice “borracho”. Cantarle al chofer canciones como “apure ese motor” o recordarle las “andanzas” de la madre también perderán la gracia cuando, a forma de venganza o v de vendetta, nuestro respetado conductor pisará el freno de golpe amontonando a todos al frente, como esperando que se ejecute un córner desde el fondo.
Y llegamos al lugar deseado. Algarabía. Gritos. Llantos. Escupidas (nunca falta el que aprovecha el tumulto)
Al bajar del colectivo en el lugar veremos, primero, cómo se roban nuestro bolso. Segundo, notaremos que ya no tenemos dinero, siempre resulta poco. Tercero, el hotel de lujo prometido, está en refacción.
Al entrar al hotel, la gran diversión será jugar en el ascensor. Nene! Date cuenta! Viajaste mas de 800 kms para subirte a un ascensor e ir parando piso por piso hasta la terraza!!! Pero está bien, te tenés que comportar como un idiota porque es tu viaje, y tenés no solo el derecho, sino la obligación de comportarte así. El competir por quién patea mas puertas será una competencia a muerte. El escupir al techo para formar estalactitas y transformar nuestra pieza en una caverna será de entretenimiento masivo, convocando gente no solo de otras piezas, sino también del hotel vecino.
Las bromas telefónicas entre pieza y pieza serán “LA JODA” del momento así como también el llamar a mesa de entrada pidiendo 3 mujeres desnudas, una cámara filmadora, champagne y un burro.
El que sepa tocar la guitarra, de golpe, aparentará ser lindo. Todas le darán bola, pero no concretará con ninguna. Eso si, al tocar “Amigos” de los Enanitos Verdes y “Presente” de Vox Dei, todas, a coro, esbozarán un “aaaaaaahhhhhhhh” para finalizar entre cuchicheos: “Viste que lindo y tierno que es el Colita?”.
Las palabras mágicas para lograr que todos se abracen y lo miren a uno será: “Foto, foto!!”. Instantáneamente estarán todos abrazados riendo y mirando a la cámara. Otras palabras serán:
-”Show”. Con lo que luego de pronunciarla 3 veces automáticamente aparecerán 4 personas desnudas bailando una danza rara entre risas y aplausos.
-”Salud”. Aparecerán copas, bebidas y bebedores. Luego de chocar los cubículos de bebida se producirá el “fondo blanco” de los mismos.
-”Puro!”. Interjección de pedido. Se utiliza para pedir un fernet 90/10 bien “petróleo”, capaz de ser tomado por personas con capacidad alcoholímetra de 125 lts/m2.
Las noches serán un descontrol total. Competencias por quién está con mas mujeres/hombres, un Boom. Y al otro día, competir por la resaca mas evidente, será una acción solo para los mas osados de “la promo”.
Las excursiones no solo serán aburridas sino que de diez excursiones programadas, tres se suspenderán por mal tiempo, a cinco faltaremos por dormirnos, una no la disfrutaremos por la resaca y la última, dependiendo del lugar al que se vaya, serán “una clase de esquí” o “una clase de surf” según sea el clima de la zona. Excursión totalmente inservible, obviamente.
La vuelta será callada, aburrida e interminable. Una sola persona tratará de animar la cosa, pero será callado con un “shhhhhh… (pelotudo)”. Entre ronquidos y el sonar del aire acondicionado, el silencio sepulcral será roto por un desgarrador grito: “QUIERO LLEGAR!”
Ya en casa, seguiremos los cantitos por 10 semanas después aproximadamente. Todos tendrán nuevos apodos del tipo: “96º, Alcoholito, Chupín, Damajuanita, Trago Largo”. Además, luciremos orgullosos nuestros buzos con colores llamativos con nuestro apodo en la parte trasera y un “Promo 2007″ indicando que estamos recibidos.
En resumen, esta será una etapa en la que obtendremos una credencial al idiota, pero eso si, al idiota alegre. Estará permitido realizar todo lo citado en este texto y los demás observaremos atónitos a semejante espectáculo.
Pero pibe, leéme. Hacelo. Estás en tu derecho. Todos pasamos por esa etapa, y el que no la vivió, quizás quiera vivirla.

Hice cada cosa...


Rubia. Sencilla. Escultural. Rizos bellos. Ojos color miel con una mirada profunda. Pareciera tener 18 o 20 años. Esa era Fabiola. En frente, yo. Joven de 14 años. Necesitado, como toda persona a esa edad de una mujer, bailando con ella.
-”Cómo te llamabas?” -le grité al oído.
-”No te dije” -me escupió en la oreja.
-”…”
Esa fue mi charla en un boliche de poca monta en San Miguel. El lugar se llamaba “Coyote” de $2 la entrada con una consumisión que consta de agua sucia y alcohol etílico 96º. Es que el hombre cuando está necesitado va a cada lugar.
La había invitado a bailar en la barra donde ella descansaba. Cada paso de baile que ella ejecutaba era un 5.6 en la escala de Richter. Y cuando yo la hacía girar para continuar bailando, sentía que una fuerza me atraía a ella. Y no, no era amor, era que me hacía orbitar. Sus rizos no era otra cosa que un nido de ruleros, y, viéndola mejor, no era rubia, tenía un color óxido de raíces negras azabache. Sus ojos, estaban colorados producto del alcohol. Es que el hombre cuando está necesitado baila con cada cosa.
Y es que a los 14 años uno no repara en daños con las muejeres que está. Cada hora que pasaba con ella, era una hora menos de felicidad, así que apuré los trámites:
-”Cuántos años tenés?”
-”29″ -me dijo.
-”Ahh, yo 14″ -le dije mientras me agarraba mi pié recién pisado por sus 102,26 kg. y notaba que la cerveza me había engañado.
-”Como mi nene mas chico” -me reviró.
Aún así seguí bailando. Es que el hombre cuando está necesitado soporta cada cosa.
Ya habíamos agotado 5 o 6 cervezas. El lugar ya estaba cerrando sus puertas. Sonriendo le dije:
-”Vamos?”
-”Ok” -contestó mientras eructaba y se apoyaba en la pared con unas arcadas que hasta me parecieron sexys. Es que el hombre cuando está necesitado imagina cada cosa.
Ya afuera, paré un taxi mientras ella terminaba su “hotdog” completo. Le abrí la puerta, se sentó y noté que el amortiguador trasero derecho lanzaba un quejido. Le pasé su abrigo y me dijo:
-”Dale el dinero al chofer, nos vemos y gracias.”
Sin dinero, sólo y con resaca caminé a casa. Eran solo 56 cuadras. Y llegué a mi hogar.Me acoste y no voy a contar más. Es que el hombre cuando está necesitado hace cada cosa…

Al final escribí otra cosa...

-”Y le doy al iconito del disquette y ya está” -dije convencido de saber lo que hacía.
Son esos segundos que quizás pensamos de más, o en realidad pensamos. Trescientas líneas creo que conté. Trescientas líneas escribiendo sin decir nada, pero que para mi era importante.
De repente, como por arte de magia, “negra” tal vez, se oscureció todo.
-”No no no no no no…” -trataba de convencerme- “Quizás estoy con los ojos cerrados”.
“Malas noticias, su luz ha sido cortada” -me dije para mis adentros.
Tanteando el escritorio busco mi celular o mi encendedor… No, no quiero llamar, no quiero fumar. Quiero encender una luz y que la pc se encienda con esa luz. Y que el documento de word esté ahí, intacto. Estoy desesperado.
Encuentro una mini linterna que se prende siempre que la guardo en el cajón, pero cuando la saco o no tiene pilas debido a esto, o no hace contacto y parpadea. Esta vez, es el segundo caso. Entre los flashes relampagueantes de mi linterna, -”Concentrate, man” -me digo a mi mismo.
Cual boliche bailable, voy dando pasos con cada haz de luz que emite mi querida linterna. Los flashes no duran lo mismo, ni se dan siguiendo una secuencia lógica, así que imagino mi caminar desarmado, brazos estirados y ojos chinos tratando de enfocar algo, y echo a reir.
Timbre. No, no es eso, es la puerta. Golpean. Ya quisiera que fuera el timbre y decir: “Pucha, ahora que estoy escribiendo en el word, me interrumpen con el timbre.”, pero no, hoy no podrá ser.
Llevándome una silla por delante y con el pié dentro de mi cesto para la basura llego a la puerta. Ese cesto, el cual nunca se llena pero crea alrededor de sí, corte cañón volcánico, una meseta y posterior elevación entorno a él, de comida, papeles, plásticos, tierra, cáscaras, preservativos -si, yo me cuido- entre otras cosas.
Abro la puerta. Gordo, barba ni muy muy ni tan tan, una pelada que me recuerda un nido con un solo huevo, casco naranja en mano y, mano sobrante, practicando una satisfactoria por lo que veo en su rostro, rascada de culo.
-”¿Está tu mamá, nena?” -pregunta con una voz ronca mirando mi pié en el cesto, tratando de entender su función.
Entiendo. En la oscuridad, mi escaso machismopero nena?
-”No.” -respondo agravando mi voz lo mas posible, carraspeando al final juntando flema y, al no ver el cesto para escupir, tragando, haciendo cara como nene tomando Novalgina.
Su mirada inquisidora, me inquieta o inquisiona, si se me permite el abuso del lenguaje.
-"No, vivo solo" -atiné a mentir.
-”Si claro, si. Oíme, ¿tenés luz?”
-”Si.” -contesté, alcanzándole mi linterna con complejo de faro- “Sacudila hasta sentir un click y vas a ver la re luz que dá, es dicroica” -dije gallardamente.
-”No, pibe. Luz en tu casa. Energía. Corriente.”
-”Ahhh… ¿Sabés que no? Estabas haciendo unas cosas en el word y de rep…”
-”Ok” -dijo interrumpiendome al tiempo que se daba vuelta- “¡Ey! ¡’Viborita’! Te equivocaste, ese cable es de esta casa. Dale luz, cortá el otro y vamos.”
Arrancaron su auto, al tiempo que yo oía arrancar mi heladera y mi cpu.
Cerré la puerta y me senté en la pc…
“Imposible recuperar documento de Word” alcancé a leer en mi monitor.
-”¡Mucha pinta de nena, mucha pinta de nena, pero no le corto la luz a la persona equivocada!” -dije inflando el pecho, pero bajito por si aún estaban en la puerta…